miércoles, 4 de julio de 2012

La conducta humana en los incendios



Modelo general de comportamiento en incendios (Canter, Breaux y Sime, 1990)


Fernando Talayero, Juan Ignacio Aragonés. 
 Facultad de Psicología. Universidad Complutense de Madrid.

 Este artículo trata de dar una panorámica general de los hallazgos sobre las conductas manifestadas durante el incendio en un edificio, prestando una especial atención a la conducta de huida, evacuación y al papel de las alarmas asociado a estas conductas. Asímismo, se describe un modelo general del comportamiento en los incendios indicándose, a partir de éste, las posibles líneas de investigación y la necesidad de integrar los descubrimientos de este área en los campos de acción de los responsables de la seguridad contra incendios.

This paper presents a general picture of the findings on human behaviour in building fires, paying special attention on escape behaviour, evacuation and the associated role of alarms. In relation to this, a general model of behaviour in fires is presented as well as some possible themes for research and the need for this findings to be considered by the responsibles of the fire safety field. 

Correspondencia: Juan Ignacio Aragonés. Facultad de Psicología. 
Universidad Complutense. 28223 Madrid. E_mail: pssoc01@sis.ucm.es

El problema del control de los incendios en edificios así como la reducción de sus consecuencias perjudiciales ha sido tratado tradicionalmente como un problema propio del campo de la ingeniería y, más recientemente, de la disciplina de la ingeniería de seguridad contra incendios.
En este sentido, la sofisticación de la lucha contra incendios ha ido acompañada de grandes avances en el desarrollo de distintas soluciones tecnológicas como pueden ser la provisión de vías de evacuación en los edificios, el uso de materiales resistentes al fuego o la instalación de detectores y sistemas de alarma de incendios. Sin embargo, se sabe muy poco sobre el componente humano de los incendios y el conocimiento que se ha obtenido ha sido a través de fuentes de información muy variadas entre las que destacan el "sentido común", la experiencia personal, las noticias de los medios de comunicación y las investigaciones judiciales u otros tipos de investigación oficial. Este tipo de información tiene grandes deficiencias ya que depende de la experiencia particular y de las habilidades de los individuos implicados y, lo que es más importante, no proporciona la base para un marco de conocimientos claramente articulado y acumulativo, debido a que se obtiene a partir de incendios importantes que no son los más frecuentes (Canter, 1990). El conocimiento que han aportado ha dado como resultado un estereotipo de conducta irracional o de "pánico" que ha influido en las normativas de seguridad contra incendios, estableciendo la obligatoriedad de nuevas soluciones tecnológicas basadas en dicho estereotipo. El alto coste de las cada vez más sofisticadas soluciones aportadas por la ingeniería, ha provocado la exploración de otro tipo de medidas menos costosas relacionadas con el componente humano, como pueden ser la mejora de la formación, la educación y la organización contra incendios. Es en este contexto cuando, a principios de los setenta, las ciencias sociales empiezan a abordar el estudio sistemático de la conducta humana en los incendios.

 LAS ÁREAS TEMÁTICAS DEL COMPONENTE HUMANO EN LOS INCENDIOS 

A diferencia de los estudios sobre el aspecto físico del incendio, la investigación dirigida al componente humano ha sido muy escasa. En la revisión que hace Canter (1990) de los estudios más relevantes realizados en Estados Unidos e Inglaterra sobre incendios ocurridos en los años 60 y 70 puede apreciarse los diferentes tipos de actividad humana que se abordan. Sin embargo, este autor distingue tres temas fundamentales que suelen tratarse con frecuencia:
  1.  El componente humano en la causa de los incendios. Estos trabajos se han orientado fundamentalmente al estudio de los incendios provocados por el hombre bien sea para la obtención de beneficios económicos o como un acto de vandalismo, así como los incendios provocados por niños y adolescentes (Vreeland y Levin, 1990; Kafry, 1990). 
  2. Los modelos de la primera respuesta al incendio. Estos estudios pretenden establecer los modelos correspondientes a las secuencias de acción conductual que se dan en los primeros momentos del incendio. Existe un acuerdo general entre los investigadores a la hora de dividir estas acciones en dos etapas: el reconocimiento del incendio y las acciones ejecutadas antes de la evacuación.
  3. Los procesos de huida y evacuación durante un incendio. Estos estudios se centran en la conducta de los sujetos desde el momento en que han tomado la decisión de evacuar hasta que salen del lugar del incendio. 
Finalmente, y a otro nivel de análisis, existen una serie de estudios dedicados a la frecuencia, impacto y efecto de los incendios sobre el individuo y la sociedad. Los estudios que tratan este tema abordan aspectos tales como la frecuencia y tipo de incendios que se producen, la influencia de éstos en la normativa, el impacto de los medios de comunicación en el público, y los factores culturales detectados mediante estudios comparativos a nivel internacional (Appleton, 1990).
El objeto de esta revisión es presentar una panorámica de algunas investigaciones relevantes sobre las conductas en el momento del incendio, con el fin de ilustrar el estado actual de los desarrollos que hacen referencia a las primeras respuestas y a la conducta de evacuación. No se prestará atención, en este caso, a los temas sobre el componente humano como causa de los incendios ni a la frecuencia e impacto que tienen sobre el individuo y la sociedad, a pesar del interés que han suscitado en este área de investigación.

LA INVESTIGACIÓN DE LA CONDUCTA EN INCENDIOS 

El análisis de la conducta durante el desarrollo del incendio se ha realizado desde diferentes aproximaciones. Los estudios abordan la conducta en general, desde el reconocimiento del incendio hasta la evacuación del edificio, configurando la conducta de huída y de evacuación un tema específico que ha merecido el tratamiento monográfico en numerosos trabajos. Los investigadores han prestado atención a toda la gama de conductas que se producen durante el desarrollo de un incendio real.
Los datos sobre estas conductas se han obtenido mediante estudios estadísticos de un gran número de incendios o a través del estudio de casos en profundidad de un incendio en particular. En un primer momento los estudios eran de tipo descriptivo (qué se ha hecho, con qué frecuencia, quién lo ha hecho y en qué orden) para pasar a estudios más analíticos, que se centraron en obtener modelos típicos de conducta o relacionar la conducta y el desarrollo del incendio en una secuencia temporal. 
Los primeras investigaciones en este área consistieron en estudios estadísticos descriptivos sobre incendios reales, planteándose como objetivo fundamental estudiar todas las conductas ejecutadas durante el incidente. Una característica fundamental de estos trabajos, que los diferencia de otros, es la de que estudian la conducta en general en un gran número de incendios de distinto tipo. Para la recogida de datos utilizan las técnicas de entrevista y cuestionario suministradas en el lugar del incendio por el personal de los servicios de extinción. 
En concreto, tratan de identificar las tres o cinco primeras acciones que se realizan y las diferencias observadas según diversas variables tales como sexo, edad, familiaridad con el edificio, experiencia en incendios o cantidad de humo presente. La mayoría de los incendios estudiados corresponden a incendios en viviendas o edificios residenciales. 
Un estudio descriptivo a gran escala, considerado un hito en este área de investigación, es el realizado en Inglaterra en 1972 por Wood (1990) sobre una muestra de 2.000 personas que se habían visto implicadas en 952 incendios de distinto tipo (viviendas, fábricas, bloques de apartamentos, comercios e instituciones). El objetivo era analizar la conducta en dos niveles: un análisis general de las conductas manifestadas durante todo el suceso y un estudio más específico de las conductas de evacuación y de movimiento a través del humo. Este estudio reveló que en los incendios se dan tres tipos generales de respuesta que, por orden de frecuencia, son: la evacuación, la lucha contra el incendio y avisar a otros ocupantes del edificio o a los bomberos. La mayoría de la conducta tiene que ver exclusivamente con una de las tres categorías o alguna combinación de ellas. La secuencia de acción más frecuente parecía estar dirigida únicamente a un fin: salir del edificio o luchar contra el incendio. En general, hubo muy poca evidencia de conducta irracional o no social, llegándose a concluir que la mayoría de las personas realizaron conductas que podrían considerarse adecuadas a la situación. 
Estos hallazgos sobre la conducta general en un incendio fueron verificados en otra investigación del mismo tipo realizada en Estados Unidos por Bryan (1977). Sin embargo, se hallaron algunas diferencias fundamentales entre ambos estudios en cuanto a las primeras acciones realizadas, entre las que cabe destacar la alta proporción de gente que sale del edificio en el estudio americano y la baja proporción de gente que vuelve a entrar al edificio en el estudio inglés. Estas diferencias fueron atribuidas por Wood a las diferentes características de las muestras recogidas, ya que en el estudio de Bryan la mayoría de la muestra eran mujeres y el tipo de edificios variaba, habiendo un mayor número de incendios residenciales y una baja proporción de incendios industriales. 
El estudio de casos de incendios reales es la estrategia de investigación más utilizada en éste área. Los trabajos realizados mediante este método han proporcionado datos sobre la conducta en incendios en diferentes "tipos de edificios"1, lo cual supone una ventaja fundamental sobre los estudios anteriores. Los "tipos de edificios" estudiados preferentemente han sido viviendas particulares, hospitales, grandes edificios (bloque de apartamentos de gran altura, hoteles, etc.) y edificios públicos (centros comerciales, lugares de entretenimiento, etc.). 
Así, por ejemplo, el estudio de incendios en viviendas ha revelado diferencias de conducta según el sexo. En estos incendios las mujeres tendían a ejecutar, como primeras acciones, el avisar a otros y salir inmediatamente del edificio. Sin embargo, los hombres eran propensos a luchar contra el incendio o minimizar el peligro. 
En los incendios residenciales se ha observado una gran tendencia de las personas a comprobar la existencia del incendio tras haber sido avisadas. En los incendios de hospitales se destacan la importancia de la existencia de una organización disciplinada que permite una transmisión de información muy específica, así como el rol que ejerce el personal respecto a los ocupantes, cuyas características particulares causan una mayor frecuencia de las acciones de ayuda. 
Los incendios en edificios múltiples reflejan una alta frecuencia en las acciones de búsqueda de información y de contactar con otras personas dando y/o recibiendo ayuda. 
Finalmente, los incendios en edificios públicos han mostrado que la mayoría de la gente se comporta de forma adecuada aunque se ha detectado la existencia de conductas inapropiadas como la errónea interpretación de la situación y la demora en responder a los primeros avisos sobre la existencia del incendio. En este tipo de edificios se han detectado, además, factores diferenciales como la importancia de los "ayudantes no oficiales" (non oficial helpers) en la gestión del incendio antes de la llegada de las organizaciones de emergencia (Cortés, 1995). Aunque cada tipo de edificio da lugar a un modelo de conducta en incendios característico, se han encontrado tendencias generales entre ellos que permiten establecer un modelo general de conducta humana en los incendios que se presenta más adelante. 

El estudio de la conducta de huida y la evacuacion 


Existen una serie de estudios dedicados específicamente a la conducta de huida y evacuación del edificio, probablemente debido a la gran atención que las normativas sobre incendios prestan a esta fase del suceso, estableciendo en sus disposiciones la obligatoriedad de dotar al edificio de vías de evacuación seguras. 
Se han aplicado dos modelos distintos a la hora de estudiar este tipo de conducta en una situación de incendio en un edificio que se corresponden con las dos aproximaciones dominantes: la ingeniería y las ciencias sociales. Sime (1994) afirma que la ingeniería se basa en el modelo de movimiento humano denominado "ciencia física", el cual asume que en una situación extrema de posible entrampamiento la gente se comporta de manera irracional exhibiendo conductas de pánico y compitiendo por el acceso a la salida. Este es el modelo predominante en las normativas de incendios. Por otro lado, la ciencias sociales han elaborado el modelo de comportamiento denominado "ciencia social", el cual considera que la gente se comporta de manera activa y racional, pensando y actuando según la información de que dispone e influida por factores sociales como los de factores de grupo (conocidos-extraños) o el rol que se desempeña en el edificio (empleado-público). 
La metodología que se ha utilizado en este área de estudio han sido los experimentos de laboratorio, las investigaciones de simulacros de evacuación, las simulaciones por ordenador y los estudios estadísticos y estudios de casos de incendios reales. 
Aunque los experimentos de laboratorio han sido criticados por su escasa validez ecológica, resulta de interés presentarlos brevemente en estas páginas a fin de ilustrar este tipo de investigación. 
Un ejemplo de experimento de laboratorio son los de simulación de incendio, denominados como "sala de espera", en los que los sujetos están en una habitación en la que se introduce humo. Así, el experimento clásico realizado por Latane y Darley (1968) demostró que la presencia de otras personas influye en la percepción y respuesta del sujeto al peligro. En este caso, como bien se sabe, el sujeto permanecía en una sala de espera en la que se introducía humo. Si estaba solo informaba antes sobre el peligro que si estaba estaba acompañado por dos o más colaboradores cómplices del experimentador que fingían no percatarse de la situación. 
Por otro lado, las investigaciones de simulacros de evacuación de edificios se han interesado por la relación entre las personas, el tiempo empleado en evacuar el edificio y la seguridad estructural del mísmo, en especial, el flujo de personas que permite evacuar una determinada anchura de las escaleras. Los simulacros de evacuación se utilizan para entrenar a las personas en situaciones de emergencia y evaluar la efectividad del plan operativo de emergencia implementado. Sin embargo, algunos autores los han utilizado con fines de investigación, bajo la creencia de que existe la suficiente similaridad entre un simulacro y una emergencia real como para que los hallazgos del primero puedan servir para conocer lo que pasa en el segundo (Pauls y Jones, 1990). Así por ejemplo, estos autores realizaron un estudio en el que llevaron a cabo la evacuación de dos edificios de oficinas de dos formas distintas: la evacuación total (evacuación de todas las plantas al mismo tiempo) y la evacuación selectiva y secuencial (se empieza por evacuar la planta del supuesto incendio y posteriormente las demás). Concluyeron que la normativa tradicional sobre la geometría de las salidas tiene una limitada importancia en comparación a determinados aspectos humanos: los sistemas de comunicación, los procedimientos operativos de evacuación y la formación de los sujetos. 
Se han creado modelos de ordenador que simulan la extensión del humo y las llamas y los patrones de conducta de huida que asumen en relación a los planos de los pisos y de las vías de evacuación. Así por ejemplo, el modelo EXIT89 para edificios de gran altura calcula la ruta más corta desde cualquier lugar del edificio a un lugar seguro (normalmente la calle), simula el movimiento de la gente por cualquier ruta definida y, si está bloqueada por el humo, su movimiento por rutas alternativas que lleven a la salida. Estos cálculos son realizados por el programa a partir de la introducción de datos relativos a la geometría del edificio, el número de ocupantes y su localización y la extensión del humo (Fahy, 1994). 
Estos modelos se han utilizado para la evaluación del riesgo de incendio y de la seguridad de las personas en los planos del edificio en fase de diseño. Las simulaciones por ordenador están más influidas por el modelo de "ciencia física" que por el de "ciencia social". 
En cuanto a los estudios estadísticos y los estudios de casos de incendios reales mencionados en el apartado anterior únicamente destacar que, aunque han tratado de alguna forma el problema de la evacuación, no lo han estudiado en profundidad por lo que los hallazgos han sido meramente descriptivos. 
Un aspecto de la evacuación al que se ha prestado una especial atención es el de la información proporcionada al público a la hora de evacuar un edificio, lo que ha merecido el estudio específico de aspectos relacionados como el papel de las alarmas y los mensajes de evacuación. En este sentido, Tong y Canter (1985) estudiaron mediante la técnica de entrevista la efectividad de las alarmas de incendio y las alarmas informativas, es decir, las que transmiten, además de la señal sonora, mensajes informativos sobre el peligro, su localización y las conducta a realizar en una pantalla de cristal líquido incorporada (Pigott, 1982). Concluyeron que, en general, existen importantes deficiencias en las alarmas de incendio, como son la dificultad de diferenciarlas de otro tipo de alarmas, el error cometido al no identificarlas con un incendio real y el hecho de que no proporcionan información para ayudar a las personas a enfrentarse al suceso. El estudio de las alarmas informativas les llevó a concluir que éstas mejoran la respuesta de las personas a las alarmas, especialmente si la información que proporcionan clarifica el significado de la alarma, motiva una respuesta inmediata y orienta las conductas adecuadas que los sujetos deben realizar. 
Otra forma de informar al público sobre un peligro es mediante la transmisión de mensajes por los sistemas de megafonía del edificio. En una investigación realizada por Proulx y Sime (1991) se procedió a la evacuación de una estación de metro proporcionando información al público de cinco maneras distintas. Los resultados destacaron la importancia de transmitir por megafonía mensajes directivos al público mediante los que se proporcione información sobre el peligro, las conductas a realizar y las razones de dichas conductas. El uso de este tipo de mensajes dio como resultado una evacuación con éxito, al provocar una evacuación más rápida y con una mayor ejecución de conductas adecuadas. 
La importancia de la información proporcionada al público es destacada por el modelo de estrés en incendios de Pruolx (1993) en el que se definen los diferentes estados emocionales que los individuos experimentan en situaciones de emergencia por incendio, en concreto, los estados de control, incertidumbre, miedo, preocupación y confusión. El modelo se desarrolla en base a los conocimientos aportados por la literatura sobre los procesos cognitivos del procesamiento de la información, toma de decisión y solución de problemas. Consta de cinco fases cuyo desarrollo lleva paralelo un aumento progresivo del nivel de estrés y del procesamiento de información ambigua sobre el incendio. En la primera fase la percepción de información ambigua sobre el incendio hace que la persona desarrolle estrategias defensivas de evitación, negando o minimizando la importancia de dicha información, lo que provoca un estado emocional momentáneo de control de la situación. En la siguiente fase, la continuada percepción de información ambigua genera el estado emocional de incertidumbre lo que provocará los primeros sentimientos de estrés. En la tercera fase, la nueva información ambigua incrementará la incertidumbre y el estrés. Al interpretarse la situación como peligrosa, se producirán sentimientos de miedo, que provocarán una búsqueda de más información, produciéndose una sobrecarga que dificulta la toma de decisión. En la cuarta fase, el nivel de estrés hará que se procese información irrelevante para la toma de decisión, provocándose un estado de preocupación. Esta información irrelevante consiste en la percepción del propio miedo, incertidumbre sobre cómo actuar, dificultades en interpretar la situación y otros aspectos relacionados con el enfrentamiento al incendio. Finalmente, ante la sobrecarga de información, se produce un esfuerzo mental para solucionar el problema, dando como resultado un sentimiento de cansancio e incompetencia que provoca un estado de confusión. 
Este modelo confirma la idea de que debe proporcionarse información clara y precisa a los sujetos sobre el incendio con el fin de ayudar a interpretar la situación, motivando la conducta de evacuación, reducir el estres y ayudar en los procesos de solución del problema y toma de decisión. 

UN MODELO GENERAL DE CONDUCTA HUMANA EN INCENDIOS 

A pesar de que las circunstancias de cada incendio son únicas y los diferentes "tipos de edificios" condicionan los patrones de conducta relizados, existen una serie de conductas que se mantienen constantes independientemente del suceso. Canter et al. (1990) desarrolla un modelo general de conducta humana en los incendios, en el que distingue tres etapas, que indican los momentos en que se puede producir un cambio en la secuencia de acción: la interpretación, la preparación y el acto. 
  1. Interpretación. Se produce inmediatamente después de la percepción de los indicios iniciales del incendio, siendo posibles las secuencias de acción de malinterpretar (ignorar) o de investigar el significado de dichos indicios. En esta etapa es importante considerar la actividad previa del individuo como un factor predictor de las posteriores acciones así como del tipo de indicios que recibe y la rapidez de reacción ante éstos. La búsqueda de una información más detallada es consecuencia de la ambigüedad de los indicios iniciales de incendio. 
  2. Preparación. Se produce al encontrarse con el humo, tras lo cual se presentan las posibles secuencias de acción de dar instrucciones a otros, explorar la situación o retirarse del lugar. En esta etapa, el rol del sujeto y el "tipo de edificio" en el que se halla juegan un papel importante. 
  3. Actos. La ejecución de los tres posibles actos de la etapa anterior da lugar a las acciones de evacuación, luchar contra el incendio, avisar a otros o esperar ayuda. La ejecución de cualquiera de las posibles acciones está muy condicionada por las anteriores conductas ejecutadas, el rol del individuo, su experiencia en incedios y el tipo de edificio en que se halla. 
El modelo presentado se caracteriza por un aumento progresivo en la variedad de las posibles acciones a medida que se va pasando de una etapa a la siguiente por lo que las acciones se van haciendo menos predecibles en las últimas etapas. En la comparación realizada por Bryan (1983) de varios modelos de comportamiento humano en incendios calificó a éste, junto al de Withey (1962), entre los más válidos, aunque éste último modelaba los procesos internos del individuo en una situación de emergencia, en general, y no se basaba en datos cuantitativos. Sin embargo, el modelo de Canter, al tratar de incorporar las secuencias de acción en directa relación con la conducta en incendios, fue calificado de modelo de sistemas y, al derivar de la extrapolación de los resultados obtenidos en los estudios de casos de incendios reales, presentaba cualidades heurísticas. 

A MODO DE CONCLUSIÓN 


A pesar de la diversidad de enfoques y temas estudiados adoptados en la investigación de la conducta humana en los incendios, se puede concluir que los resultados han proporcionado un cuadro general de dicha conducta que difiere, en gran medida, del estereotipo que tradicionalmente es asumido por el público en general, los expertos, los medios de comunicación y la normativa contra incendios. 
La perspectiva central sobre la conducta humana en los incendios puede resumirse, en palabras de Paulsen (1984, p.16), de la siguiente manera: "A pesar del ambiente altamente estresante, la gente generalmente responde a las emergencias de forma "racional", a menudo de manera altruista, en la medida de lo posible dentro de los límites que imponen las circunstancias del incendio al conocimiento, percepciones y acciones de los individuos. En resumen, el tipo de reacciones "instintivas" y de "pánico" no son habituales. El histórico énfasis que han hecho los medios de comunicación y las normativas suponiendo la existencia de reacciones "instintivas" y de "pánico" es inadecuado y contraproducente". Un trabajo empírico sobre éste último aspecto es el estudio del discurso de las noticias publicadas en la prensa española llevado a cabo por Talayero y Aragonés (1996). 
Además de este descubrimiento general sobre la conducta humana en incendios sería deseable que las investigaciones se encaminen a la validación de las acciones y secuencias de acción del modelo general comentado junto con los factores asociados. 
Así, una de los campos de interés es la investigación de la frecuencia y las causas de la errónea interpretación de los indicios iniciales del incendio, en especial, el papel de los sistemas de alarma como facilitadores de la interpretación de dichos indicios. Otro tema de interés es el papel que juega el rol y el contexto social en las acciones de la etapa de preparación. Finalmente, habrá que prestar atención al estudio de la efectividad de las medidas tecnológicas y de diseño contra incendios aportadas por la ingeniería en relación a los actos de la última etapa. 
Para concluir, sería deseable que los responsables de la seguridad contra incendios en aspectos tales como el diseño de los edificios, la instalación de sistemas de seguridad, la implementación de planes de emergencia y la elaboración de normativas, consideren los resultados aportados por las ciencias sociales y los integren en sus respectivos campos de acción si se quiere optimizar la seguridad de las personas ante los incendios. 

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