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jueves, 24 de octubre de 2013

Actuaciones obligatorias en caso de defunción

Dentro del amplio abanico de servicios que pueden ofrecerse, hay algunos cuya prestación resulta obligatoria, por ser imprescindibles para llegar al destino final del cadáver. 

Estas actuaciones obligatorias son básicamente: 

  1. OBTENCIÓN DEL CERTIFICADO MÉDICO DE DEFUNCIÓN. 
  2. INSCRIPCIÓN DE LA DEFUNCIÓN EN EL REGISTRO CIVIL. 
  3. OBTENCIÓN DE LA LICENCIA PARA DAR SEPULTURA. 
  4. EL SUMINISTRO DEL FÉRETRO. 
  5. PREPARACIÓN DEL CADAVER. 
  6. CONDUCCIÓN O TRASLADO DEL CADAVER HASTA EL CEMENTERIO O CREMATORIO. 
  7. SU INHUMACIÓN O CREMACIÓN. 

1. OBTENCIÓN DEL CERTIFICADO MÉDICO DE DEFUNCIÓN 

Certificado Médico de Defunción 

Se utiliza para acreditar la muerte de una persona y sin cuya expedición en términos generales no se puede efectuar la inscripción del fallecimiento en la oficina del Registro Civil, y esta no autorizará el enterramiento del cadáver, judicializándose el proceso y practicándole la autopsia judicial por el médico forense del Tribunal Judicial correspondiente, con los correspondientes perjuicios para la familia en el orden social. 

Está reservado para las muertes de causa natural. Posibilita que se emita una licencia de enterramiento y que tenga lugar el sepelio del cadáver o su incineración. 

Lo puede expedir: 
el médico que ha tratado al enfermo o cualquier otro médico que reconozca el cadáver. 

Contenido formal del certificado


En el certificado deberá constar: 
  • La identidad del médico que lo ha extendido y las circunstancias de su colegiación. 
  • La identidad del difunto, con mención expresa de los documentos oficiales de los cuales el médico haya dispuesto para comprobarla o de la persona que los haya facilitado, la cual deberá firmar igualmente. 
La inscripción hace fe de la muerte de una persona y de la fecha, hora y lugar en que acontece. 

Es fundamental que, desde el momento en que se produce la muerte se localice el DNI o cualquier otro documento oficial por el cual se pueda comprobar la identidad del difunto.


Este certificado médico tiene un requisito formal: necesariamente debe ser extendido en el formulario que edita exclusivamente el Consejo General de la Organización Médica Colegial, que fija su precio de venta (2,79 Euros). 

EL CERTIFICADO LO FACILITA LA FUNERARIA.
 

Es necesario apuntar que el certificado médico de defunción no será necesario cuando haya una sentencia o una orden judicial que afirme la certeza de la muerte. En este caso, será el órgano judicial que lleve las diligencias por la muerte el que ordenará la inscripción en el Registro Civil, sin necesidad de más documentos.
 

1.2 MUERTE VIOLENTA 

Inscripción en el Registro Civil de la Muerte Violenta o Sospechosa de Criminalidad. 

En muertes violentas ( accidentes etc) el que certifica la muerte es el medico forense y quien autoriza el levantamiento del cadáver es el Juez. En estos casos si llega la policía judicial primero que el Juez, ellos empiezan las diligencias e inspección ocular, cuando llega el juez se las entregan y continua èl ( su secretario/a) con el atestado, normalmente ordena que continue la policia judicial sus diligencias. 

Si hubiere indicios de muerte violenta, se suspenderá la licencia para el entierro hasta que, según criterio de la autoridad judicial correspondiente, lo permita el estado de las diligencias. 

La inscripción de estos fallecimientos se realiza en el Registro Civil, en virtud de una comunicación del Juez de Instrucción, después de la investigación judicial. 

2. INSCRIPCIÓN DE LA DEFUNCIÓN EN EL REGISTRO CIVIL 

Es el medio por el que se da fe del fallecimiento de una persona (fecha, hora y lugar en que acontece). El fallecimiento produce efectos civiles desde que tiene lugar, pero para el pleno reconocimiento de los mismos es necesaria su inscripción en el Registro Civil del lugar donde haya ocurrido el fallecimiento. Este Registro comunica de oficio la baja del difunto al Padrón de Habitantes. 

La declaración del fallecimiento se realiza ante el Registro Civil del municipio donde se ha producido el fallecimiento, aportando el certificado médico de defunción u orden judicial de inscripción, en formulario gratuito de suministro obligatorio por el Registro. 

Plazo de inscripción: El Reglamento de Registro Civil obliga a que la inscripción de la defunción se lleven a cabo dentro de las veinticuatro horas siguientes al fallecimiento, debiendo practicarse antes del enterramiento. En tanto no se practique la inscripción, no se expedirá la licencia para el entierro. 

Quién puede hacer solicitar la inscripción: Normalmente son los agentes funerarios, en representación de la familia, los encargados de realizar estos trámites en el Registro Civil, pero también pueden pedir la inscripción los parientes más próximos del difunto. 

Documentación necesaria para practicar la inscripción de defunción: 
  • certificado médico de defunción. 
  • orden judicial en caso de procedimiento penal de investigación por muerte violenta, cuando la inscripción se realiza, como es regla ordinaria, antes de la inhumación. 

3. OBTENCIÓN DE LA LICENCIA DE ENTIERRO

(también necesaria en caso de incineración) 

La licencia de entierro es la autorización que expide el encargado del Registro Civil una vez practicada la inscripción de defunción que permite dar sepultura o cremar al cadáver. 

La ley del Registro Civil dice que mientras no se practique la inscripción, no se expedirá la licencia para el entierro, que tendrá lugar transcurridas, al menos, 24 horas desde el momento de la muerte. 

Coste: Son completamente gratuitos los asentamientos del Registro Civil (la inscripción de la muerte) y las licencias de entierro. 

Los féretros pueden ser: 
  • Féretro común para sepelio ordinario. 
  • Féretro especial para traslados. 
Otros servicios a contratar son: 
  • El vehículo que traslada el féretro hasta el cementerio o crematorio. 
  • Flores que acompañen al féretro. 

4. TRASLADO DEL CADÁVER HASTA EL CEMENTERIO O CREMATORIO 

Las empresas funerarias son las encargadas de prestar, conjunta o indistintamente, los servicios de manipulación y acondicionamiento de cadáveres, traslado de los mismos, tanatorio-velatorio, crematorio o cementerio, y, en todos los casos con el suministro de bienes y servicios complementarios para sus propios fines. 

Se establecen los siguientes tipos de traslado: 

Traslados ordinarios: son todos aquellos sepelios en los que el lugar de la muerte y el de la inhumación o incineración se encuentren dentro del territorio de la Comunidad.



Estos sepelios no precisan de autorización sanitaria de traslado, salvo tratarse de cadáveres de personas cuya causa de defunción represente un riesgo sanitario tanto de tipo profesional para el personal funerario como para el conjunto de la población, según normas y criterios fijados por la Administración Pública, o bien, cuando el traslado se efectúe pasadas las cuarenta y ocho horas desde la defunción, o cuando el estado de conservación del cadáver obliguen a extremar las precauciones de dicho traslado. En estos supuestos será precia la autorización sanitaria, sea cual sea el lugar de destino del cadáver. 

Traslados sometidos a autorización sanitaria: son los sepelios en los que se realiza el traslado del cadáver o restos humanos fuera del territorio de la Comunidad de Cantabria, regulados por la normativa estatal vigente.


Hay que tener en cuenta que en ningún caso, se podrá proceder al traslado del cadáver si no se dispone de la autorización expresa. 

Los traslados, en todos los casos, deben realizarse por empresas funerarias autorizadas y en adecuadas condiciones higiénico sanitarias. 

La conducción y traslado de cadáveres por carretera se efectuará en coches fúnebres o vehículos especialmente acondicionados que garanticen el aislamiento del habitáculo para el féretro, con aire acondicionado independiente de la cabina del conductor y un perfecto anclaje del féretro de la carrocería.

Damos las gracias a Javier Rodriguez Escobar por compartir este material.

lunes, 21 de febrero de 2011

La muerte de un ser querido y el duelo psicológico


La muerte de un ser querido deja un vacío inmenso, a veces sientes un dolor profundo y lacerante que te quita el aliento y las ganas de vivir. Y es que enfrentar el hecho de que una persona a la que amabas no está más a tu lado es uno de los retos más difíciles ante los cuales nos pone la vida.
Muchos afirman que el tiempo lo cura todo, particularmente no creo que esta frase de la sabiduría popular pueda aplicarse a los casos en que perdemos a una persona amada. Con el pasar del tiempo los sentimientos de dolor profundo se van mitigando y en su lugar se instaura una nostalgia que va y viene y que se hace particularmente fuerte en las fechas significativas o en los momentos en que necesitamos apoyo emocional. Así, la ausencia de la persona amada siempre se mantiene, aunque pasen años, pero afortunadamente es algo con lo que aprendemos a vivir.
Cuando ocurre la muerte de un ser querido todos pasamos por una etapa de duelo psicológico pero cada cual la elabora a su manera.
La primera etapa del duelo se le denomina de evitación porque la persona, asumiendo un mecanismo de defensa, niega la pérdida. En esta fase nos sentimos en estado de shock y se manifiestan los sentimientos de incredulidad hacia lo acontecido. En otras palabras, nos sentimos profundamente tristes, lloramos con frecuencia pero aún no hemos concientizado la pérdida de la persona. Esta fase le permite a nuestro Yo asimilar gradualmente el golpe y puede durar lo mismo algunas horas, semanas o incluso meses.
La segunda etapa es la fase aguda del duelo donde ya hemos comprendido que la persona amada no estará más y comenzamos a experimentar el dolor por la separación. Entonces emerge el desinterés por las cosas que nos rodean y por el mundo en sentido general y surgen los sentimientos de angustia y de rabia. Esta fase es particularmente difícil porque estamos deshaciendo los lazos con la persona que perdimos pero a la misma vez no deseamos hacerlo por lo que experimentamos continuamente sentimientos ambivalentes. A veces nos sentimos alegres por alguna situación e inmediatamente nos recriminamos por ello.
En esta fase solemos reflexionar mucho sobre las características de nuestra relación con la persona que hemos perdido y usualmente aparecen los sentimientos recriminatorios y de culpabilidad pues pensamos que de alguna forma pudimos evitar su muerte o podíamos haber actuado de otra manera en algunos momentos de la relación. Obviamente, tener estos pensamientos no sirven de nada pero en muchas ocasiones los mismos acuden una y otra vez a la mente, siendo particularmente difícil eliminarlos.
En la última fase, la resolución del duelo, finalmente nos reconectamos con nuestra vida cotidiana en el sentido de que volvemos a encontrarle un sentido a las actividades que realizamos. Entonces cuando recordamos a la persona que hemos perdido no aparecen sentimientos de profunda tristeza sino de cariño y nostalgia.

¿Existe alguna forma de evitar el duelo?
Absolutamente ¡no! Pero si existen formas diversas de elaborar el duelo de forma que el mismo sea más llevadero para nosotros. Así, es importante que:
  • Te des permiso para estar en duelo. Necesitas ser vulnerable, sentir el dolor y aceptarlo como algo normal.
  • Deja que las emociones fluyan. No hay nada más negativo que no expresar las emociones porque éstas terminan haciéndonos daño. Por ello, cuando expresamos la rabie, el miedo y el dolor; estaremos transitando el camino hacia la recuperación.
  • Bríndate tiempo para recuperarte y sé paciente contigo misma. No quieras estar bien de la noche a la mañana, fingir que eres fuerte y retomar la vida como si nada hubiese pasado. La pérdida de una persona amada es algo que nos cambia y necesitamos tiempo para aceptarlo.
  • Busca apoyo en los otros. De seguro hay personas a tu alrededor que están dispuestas a ayudarte pero no saben cómo. Ayúdalos a ayudarte.
  • Bríndate el permiso para descansar y para divertirte. No tienes que sentirte en culpa si en algunos momentos la pasas bien con los amigos y sobre todo: no te atiborres de trabajo como una forma para olvidar, sólo conseguirás dañar tu salud.
  • Aplaza las decisiones importantes que debas tomar en tu vida. Cuando perdemos a un ser querido nos sentimos particularmente frágiles, no podemos pensar con claridad y somos propensos a tomar decisiones de las cuales después podemos arrepentirnos. Lo mejor es dejar a un lado todas aquellas decisiones importantes que puedan ser postergadas para tomarlas en un momento más adecuado. Recuerda que iniciar una nueva relación afectiva no suplantará jamás la pérdida.
Consejos para aquellos que sostienen a la persona que ha experimentado la muerte de un ser querido
Quienes están alrededor de la persona que experimentó la pérdida usualmente se preguntan qué deberían hacer para aliviar el dolor. En primer lugar deben conocer que ninguna frase es buena para consolar porque absolutamente cualquier idea adquiere un carácter nimio. Las frases hechas no sirven de nada, comunicamos mucho mejor nuestro sentir y pesar con un abrazo que diciendo frases del tipo: “con el tiempo o superarás”; precisamente porque en esos momentos la persona no desea superar nada y porque, con el pasar del tiempo uno se sobrepone al dolor pero no supera la pérdida.
Así, la mejor forma de ayudar es apoyar con la presencia y escuchar lo que tiene que decir la otra persona. En esos momentos lo más importante para quien perdió a alguien es sentir el cariño y la comprensión de las personas que le quedan.
Otra forma de ayudar a la persona es proponiéndole actividades que puedan ser de su agrado y que puedan distraerla de pensar en la pérdida. No obstante, debe puntualizarse que si la persona no está de humor para ello, es preferible dejarla y no insistir.
Por último, debe conocerse que el periodo de un duelo “normal” se puede extender hasta por seis meses. Pasado este tiempo si la persona no se repone es necesario pedir ayuda especializada.

Terminemos con una frase de Francois Mauriac: “La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.”

Tomado original de Rincón de la Psicología