Espacio creado con la finalidad de compartir experiencias e información sobre intervención psicológica en catástrofes, crisis, emergencias, desastres y otros acontecimientos de gran carácter traumático para un amplio sector de la población. Esta hecho y dirigido para alumnos y graduados de la Facultad de Psicología e la UNED aunque no lo consideramos como un espacio restringido a ellos.
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martes, 13 de enero de 2015
jueves, 19 de diciembre de 2013
Ayudando a niños y adolescentes a superar la violencia y los desastres
¿Qué es el trauma?, ¿cómo superar el trauma después de la violencia y los desastres?, ¿cómo reaccionan los niños al trauma?. En el siguiente folleto conoceremos las pautas para poder comprender y ayudar a los niños y adolecentes a superar la violencia y los desastres.
Editor(es): Instituto Nacional de la Salud Menta;
Departamento de Salud y Recursos Humanos de los Estados Unidos.
Gracias a Karemi Rodriguez Batista por compartirlo.
Explícame que ha pasado
Guía para ayudar a los adultos a hablar de la muerte y el duelo con los niños.
Manual gratuito que ayuda a los padres, profesores y adultos en general, a solucionar sus dudas sobre el duelo infantil y a encontrar la mejor forma de explicar a los niños qué es la muerte, un tema a menudo difícil de abordar.
Editor(es): Fundación Mario Losantos del Campo (FMLC) y Parcesa Parques de la Paz, S.A
Damos las gracias a Karemi Rodriguez Batista por compartir este material.
miércoles, 10 de octubre de 2012
DUELO INFANTIL DE 0 A 12 AÑOS
CARACTERÍSTICAS DEL DUELO EN LOS NIÑOS DE 0 A 12 AÑOS
Autora: Montse García
“ Poder llorar la muerte de un ser querido adecuadamente y afrontar la
pérdida antes de que se produzca, en el momento en que ocurre y
sobre todo después, hace que el niño/a no pueda sentirse culpable,
deprimido, enojado o asustado. Cuando ayudamos a nuestros hijos a
curarse del dolor que produce la herida emocional más profunda de
todas –la muerte de un ser querido -, los estamos dotando de unas
capacidades y una comprensión importantes, que le servirán para el
resto de sus vidas”. William C. Kroen (1996).
pérdida antes de que se produzca, en el momento en que ocurre y
sobre todo después, hace que el niño/a no pueda sentirse culpable,
deprimido, enojado o asustado. Cuando ayudamos a nuestros hijos a
curarse del dolor que produce la herida emocional más profunda de
todas –la muerte de un ser querido -, los estamos dotando de unas
capacidades y una comprensión importantes, que le servirán para el
resto de sus vidas”. William C. Kroen (1996).
Cada
vez más desde nuestra sociedad occidental tendemos a proteger de un
modo excesivo a nuestros infantes de las crudas realidades de la vida.
Esto que a priori nos parece bueno, en muchas ocasiones no lo es ya que
apartando a los niños de estas realidades no les permitimos que
conozcan, experimenten, se habituen y aprendan a afrontar muchas de las
experiencias que tendran que vivir en un tiempo más o menos próximo.
La
muerte de un ser querido es uno de los acontecimientos más dolorosos y
estresantes que puede experimentar un ser humano, y además suele ser un
hecho ineludible en la mayoría de los casos. ¿Quién no ha perdido a
alguien al que quiere?
Cuando
esto ocurre todas las personas, incluidos los niños y los adolescentes,
debemos enfrentarnos a un proceso de duelo para el que muchas veces no
estamos preparados. Si no afrontamos adecuadamente esta pérdida
estaremos expuestos a sufrir problemas posteriormente.
Algunos de los mitos que nuestra sociedad ha forjado en torno al duelo infantil son los siguientes:
- El sufrimiento y el duelo infantil son de corta duración. Pero en realidad, este dolor nunca termina. Los niños crecen, se desarrollan y van descubriendo e incorporando nuevos factores desarrollados con la pérdida.
- Los bebés y los niños pequeños, no son capaces de sufrir o experimentar el duelo. Es al contrario, los niños/as experimentan estas emociones intensamente. Sin embargo su expresión verbal poco desarrollada no les permite expresar estos sentimientos y muchas veces estas emociones no son reconocidas por los adultos.
- El trauma causado por la muerte de un ser querido siempre ocasiona trastornos emocionales a largo plazo. El sufrimiento es una respuesta normal a la muerte de un ser querido. En la mayor parte de los casos, cuando los niños/as reciben apoyo y sienten que sus sentimientos y experiencias son validadas, tienden a desarrollarse normalmente.
- Para ayudar a los niños/as que han perdido a un ser querido, el objetivo es terminar con su sufrimiento y duelo. Como procesos, el duelo y el dolor nunca terminan, y por ello reaparecerán a lo largo de toda la vida. El cariño y la comprensión ayudarán a procesar esta experiencia.
Al
objeto de que los adultos podamos reconocer el proceso de duelo por el
que pasan los niños/as y de ese modo podamos ayudarles a afrontarlo,
será útil que conozcamos sus reacciones de acuerdo con su edad y su
etapa evolutiva.
PRIMERA ETAPA: MENOS DE 3 AÑOS
No comprenden qué significa el concepto de muerte y sus consecuencias. Carecen de la percepción de tiempo y espacio.
Los bebés
Los bebés
Crean
un vínculo afectivo muy fuerte con la persona que les cuida y protege
(normalmente la madre), ese apego les proporciona seguridad emocional,
aceptación y protección.
Al fallecer esta figura protectora, la primera sensación que tiene es la de abandono. En este caso es común observar en los bebés comportamientos como:
- Búsqueda de la figura protectora, llantos inconsolables, rechazos a nuevas figuras protectoras, alteración del sueño, problemas en la alimentación, irascibilidad, rabietas…
La
ausencia de esa figura protectora ocasiona al bebé sentimientos y emociones de abandono, indefensión y desprotección. Lo
principal es que cuanto antes el bebé
vuelva a sentirse querido y protegido por otra persona, aunque eso no
evitará que él espere durante bastante tiempo la aparición de su madre.
2 a 3 años
El
niño ha evolucionado cognitivamente aunque su perspectiva emocional es similar.
La pérdida de una persona significativa les provoca sentimientos de abandono, miedo y desasosiego. Así que el niño
tendrá episodios de:
- Llanto, intranquilidad, inseguridad, desapego, retroceso en el aprendizaje, rechazo hacia otras personas, irritabilidad. Con esta edad ya preguntan continuamente por la persona fallecida, aunque al rato parece que se han olvidado de ella.
Lo
mejor que podemos hacer en esta etapa es
otorgarle afectividad y seguridad. Los familiares son esenciales en estos
primeros momentos.
SEGUNDA ETAPA:
DE 3 A 6/7 AÑOS
3 a 5 años
Su
nivel de comprensión es más avanzado, ya domina mejor el lenguaje. Aún no están preparados para entender el
concepto de muerte. Para ellos las personas no tienen límite temporal.
La
muerte la entienden como algo
reversible, temporal e impersonal, ni siquiera se plantean que ellos o su familia puedan morirse. Cuando eso sucede lo primero que sienten es abandono y
desprotección.
- Constantemente están esperando que aparezca esta persona y esto les causa gran dolor y ansiedad.
5 a 6 años
Empiezan
a comprender un poco más el significado de estar vivo o muerto aunque son incapaces de comprender de manera global
lo sucedido.
Sus
manifestaciones de duelo más comunes son:
- Sentimiento de abandono, miedo, incomprensión, tristeza, culpabilidad, ansiedad por la separación, incertidumbre, rabia, enfado, pocas ganas de comer, falta de atención.
Otros
síntomas habituales en las primeras semanas son:
- Conductas desadaptadas, retroceso en su desarrollo evolutivo, enuresis, regresión del comportamiento, desobediencia, trastornos de la alimentación, desinterés, pesadillas, etc… Son manifestaciones muy comunes que desaparecen con el tiempo.
En
caso de que se intensificaran y
persistieran podríamos decir que el duelo se está complicando y debe
consultarse con un psicólogo.
Es aconsejable que el niño participe con el
resto de la familia en esos momentos de dolor,
ya que eso le facilitará el que exprese sus sentimientos y comprenda mejor la
realidad.
TERCERA ETAPA:
DE 6/7 A LOS 11/12 AÑOS
6 a 9
años
A los 6/7 empiezan a entender el concepto de
la muerte, aunque aún les resulta difícil imaginar que
ellos o sus seres queridos tienen que morir.
A los 8/9 años ya empiezan a superar el
concepto de reversibilidad y dan paso al concepto de lo definitivo.
Cuando
se muere un ser querido se les hunde su
mundo, su estabilidad y la protección que creían tener desaparece. Actitudes
hacia la pérdida:
- El rechazo es una de sus primeras actitudes.
- En estas edades los niños lo personifican todo y la culpabilidad es un rasgo muy común. En ocasiones han podido escuchar a su madre: “eres malo, me vas a matar a disgustos”. Este tipo de frases permanece en el interior del niño y él puede llegar a pensar que es el culpable de dicha muerte.
La
dificultad que tienen algunos de
expresar sus miedos, pensamientos y ocultarlos les pueden llevar a entrar en un
proceso de ansiedad, angustia y culpa que puede afectarles en su desarrollo
psicológico. El rechazo, la rabia y la falta de aceptación por la pérdida
ocasionan cambios de comportamientos
expresados en:
- Agresividad, violencia, pesadillas nocturnas, falta de concentración, insociabilidad, rechazo a otros familiares que quieren ayudarle, culpabilidad dirigida hacia sí mismo o culpabilización hacia la persona fallecida por haberse muerto, irritabilidad, desinterés, necesidad de permanecer con las personas sobrevivientes por miedo a que también mueran, deseo de unirse con la persona fallecida, expresándolo continuamente, agresividad manifestada a través del juego…
En
ocasiones síntomas psicosomáticos como:
- Cefaleas, dolor de estómago, inapetencia, hipocondría, estrés postraumático.
La ayuda de los familiares, profesores y
amigos es la mejor terapia para superar el trance doloroso y elaborar el
duelo aceptando la muerte de su ser querido.
Para
el psicólogo William C. Kroen (2002), los tres temores más frecuentes del niño
son:
-¿Causé yo la muerte?
-¿Me pasará esto a mí?
-¿Quién me va a cuidar?
Más de 9 hasta 12
años.
Los
niños ya están preparados para tomar
conciencia de la dura realidad de la vida. En un duelo presentan sentimientos ambivalentes:
- Curiosidad por saber más sobre la muerte. Con preguntas de este estilo: ¿Cuándo una persona muere a dónde se va? ¿Se lo comen los gusanos?...
- Miedo atroz hacia ella.
Cuando
un niño está elaborando el duelo, no
solo es importante observar sus cambios de comportamientos, sino también las preguntas
que nos formulan. A través de ellas podemos averiguar en qué momento
emocional se encuentra, si existe ansiedad persistente, si tienes deseos de
morirse (vigilar las ideas suicidas).
Lo mejor es que la comunicación sea fluida
entre el niño y los adultos, para que así puedan expresar sus emociones,
miedos, pensamientos. El silencio de lo que está ocurriendo hace
que no elabore su duelo de manera normal y que pueda optar por aplazarlo.
Otras variables que debemos tener en cuenta
son:
- Los cambios que se producen en su entorno. El cambio lo viven como pérdidas, les desestructura y sienten ansiedad por lo inesperado.
- La adaptación de roles. Hay niños que adoptan roles del fallecido, para intentar que todo siga igual o para evitar el sufrimiento de la familia pudiéndole crear un cuadro de ansiedad o síntomas depresivos. En otras ocasiones se convierten en niños irrespetuosos que abandonan sus obligaciones y culpabilizan a los demás de los sucedido. Todo esto son manifestaciones de inseguridad y de rabia por todo lo que ha cambiado su vida, no aceptan esa muerte y tienen gran sentimiento de abandono.
Es
importante mantener la comunicación
desde el primer momento con los niños para que expresen su dolor y vuelvan
cuanto antes a la normalidad.
A modo de recomendación final
Padres
y familiares deberían tomar conciencia de que si durante un proceso de
duelo observan estas actitudes y comportamientos en sus niños y no se
ven capaces de manejar estas situaciones, lo mejor es que acudan a la
consulta de un psicólogo/a para que les orienten y ayuden a que el niño
pueda elaborar el duelo adecuadamente evitando así que surjan problemas
futuros derivados de éste.
Bibliografía
“El duelo- Como ayudar a los niños/as a afrontarlo”-
Iratxe Apraiz Sagarna
“El duelo, estrategias terapéuticas con niños y personas
con síndrome de Down. Intervención duelo por suicidio”- Antonia Jiménez
González, Montserrat Montés Germán, Javier Jiménez Pietropaolo.
sábado, 13 de agosto de 2011
"El tratamiento del duelo. Asesoramiento psicológico y terapía"
Autor Worden, J. William
ISBN 9788449324017
Año Edición 2010
Páginas 286
Encuadernación Rústica
Idioma Español
Precio 19,50 €uros
Sinopsis
J. William Worden describe los mecanismos del duelo y los procedimientos que se deben emplear para que el individuo afronte su pérdida y su dolor, y pueda seguir el proceso que le permitirá superarlos. También nos explica por qué los procesos de duelo mal resueltos (como las reacciones emocionales exageradas, que llegan a convertirse en crónicas, o las que se enmascaran o se retardan) pueden originar problemas que acaban convirtiéndose en patologías que requieren tratamiento y que el psicoterapeuta deberá diagnosticar y tratar. La obra se centra así en los temas del duelo patológico, la familia en proceso de duelo entendida como paciente, el duelo del propio profesional o las pérdidas con mayor carga de aflicción, y proporciona las herramientas necesarias para formar a los psicológicos que desean especializarse o aumentar su conocimiento en este tipo de cuestiones. Esta segunda edición de la obra complementa la anterior con importantes textos sobre el sida y el duelo, y el duelo en la tercera edad, ambos acompañados de una extensa bibliografía.
viernes, 18 de marzo de 2011
"El duelo y la muerte. El tratamiento de la perdida"
Autor Nomen Martín, Leila
ISBN 9788436821420
Año Edición 2007
Páginas 200
Formato 15,80 x 23,30
Idioma Español
Precio 13,50 €uros
Sinopsis
El duelo y la muerte son aspectos universales de todo ser humano.
Cuando las personas padecemos una pérdida, iniciamos lo que se denomina «proceso de duelo», que es la forma en que nuestra mente se sanará tras el dolor provocado. En la mayoría de los casos, este proceso se resuelve de forma espontánea pero se puede complicar por factores personales (estar en un momento de mayor vulnerabilidad), relacionales (cuando nos separamos de alguien repentinamente), circunstanciales (un fenómeno que se desarrolle de forma súbita) o históricos (haber padecido diversas pérdidas en un corto período de tiempo). Por todo ello, conocer el proceso de duelo, su evolución y lo que puede dificultar su desarrollo proporcionará las herramientas para afrontarlo.
Los profesionales que acompañan a los dolientes en los procesos de separaciones (no admitidas o por muerte) y duelo tienen que llevar a cabo una reflexión más profunda y serena sobre todas estas cuestiones, y, además, es imprescindible que conozcan cuanto se ha elaborado, desde el ámbito de la psicología, para llevar a cabo tal acompañamiento.
Este manual se ha desarrollado a partir de diversas perspectivas que abordan el duelo y la muerte con la voluntad de exponer las diferentes aproximaciones a este tema. Se incluyen, además, testimonios y reflexiones, así como documentos e instrumentos útiles tanto para los especialistas como para quienes están experimentando por sí mismos un proceso de pérdida y de duelo.
Índice:
Introducción: Introducción al concepto de duelo y muerte. Modelos explicativos sobre el duelo. Diagnóstico y evaluación: Diagnóstico del duelo. Evaluación del proceso de duelo. Intervención en el duelo: El proceso de intervención en el duelo. La intervención en crisis y la posterior. Técnicas cognitivo-conductuales. Técnicas de curación emocional. Intervención constructivista. Técnicas grupales. La intervención con niños y adolescentes. Por una muerte digna. Testimonios y reflexiones: Testimonios. A modo de reflexión.
lunes, 21 de febrero de 2011
La muerte de un ser querido y el duelo psicológico
La muerte de un ser querido deja un vacío inmenso, a veces sientes un dolor profundo y lacerante que te quita el aliento y las ganas de vivir. Y es que enfrentar el hecho de que una persona a la que amabas no está más a tu lado es uno de los retos más difíciles ante los cuales nos pone la vida.
Muchos afirman que el tiempo lo cura todo, particularmente no creo que esta frase de la sabiduría popular pueda aplicarse a los casos en que perdemos a una persona amada. Con el pasar del tiempo los sentimientos de dolor profundo se van mitigando y en su lugar se instaura una nostalgia que va y viene y que se hace particularmente fuerte en las fechas significativas o en los momentos en que necesitamos apoyo emocional. Así, la ausencia de la persona amada siempre se mantiene, aunque pasen años, pero afortunadamente es algo con lo que aprendemos a vivir.
Cuando ocurre la muerte de un ser querido todos pasamos por una etapa de duelo psicológico pero cada cual la elabora a su manera.
La primera etapa del duelo se le denomina de evitación porque la persona, asumiendo un mecanismo de defensa, niega la pérdida. En esta fase nos sentimos en estado de shock y se manifiestan los sentimientos de incredulidad hacia lo acontecido. En otras palabras, nos sentimos profundamente tristes, lloramos con frecuencia pero aún no hemos concientizado la pérdida de la persona. Esta fase le permite a nuestro Yo asimilar gradualmente el golpe y puede durar lo mismo algunas horas, semanas o incluso meses.
La segunda etapa es la fase aguda del duelo donde ya hemos comprendido que la persona amada no estará más y comenzamos a experimentar el dolor por la separación. Entonces emerge el desinterés por las cosas que nos rodean y por el mundo en sentido general y surgen los sentimientos de angustia y de rabia. Esta fase es particularmente difícil porque estamos deshaciendo los lazos con la persona que perdimos pero a la misma vez no deseamos hacerlo por lo que experimentamos continuamente sentimientos ambivalentes. A veces nos sentimos alegres por alguna situación e inmediatamente nos recriminamos por ello.
En esta fase solemos reflexionar mucho sobre las características de nuestra relación con la persona que hemos perdido y usualmente aparecen los sentimientos recriminatorios y de culpabilidad pues pensamos que de alguna forma pudimos evitar su muerte o podíamos haber actuado de otra manera en algunos momentos de la relación. Obviamente, tener estos pensamientos no sirven de nada pero en muchas ocasiones los mismos acuden una y otra vez a la mente, siendo particularmente difícil eliminarlos.
En la última fase, la resolución del duelo, finalmente nos reconectamos con nuestra vida cotidiana en el sentido de que volvemos a encontrarle un sentido a las actividades que realizamos. Entonces cuando recordamos a la persona que hemos perdido no aparecen sentimientos de profunda tristeza sino de cariño y nostalgia.
¿Existe alguna forma de evitar el duelo?
Absolutamente ¡no! Pero si existen formas diversas de elaborar el duelo de forma que el mismo sea más llevadero para nosotros. Así, es importante que:
- Te des permiso para estar en duelo. Necesitas ser vulnerable, sentir el dolor y aceptarlo como algo normal.
- Deja que las emociones fluyan. No hay nada más negativo que no expresar las emociones porque éstas terminan haciéndonos daño. Por ello, cuando expresamos la rabie, el miedo y el dolor; estaremos transitando el camino hacia la recuperación.
- Bríndate tiempo para recuperarte y sé paciente contigo misma. No quieras estar bien de la noche a la mañana, fingir que eres fuerte y retomar la vida como si nada hubiese pasado. La pérdida de una persona amada es algo que nos cambia y necesitamos tiempo para aceptarlo.
- Busca apoyo en los otros. De seguro hay personas a tu alrededor que están dispuestas a ayudarte pero no saben cómo. Ayúdalos a ayudarte.
- Bríndate el permiso para descansar y para divertirte. No tienes que sentirte en culpa si en algunos momentos la pasas bien con los amigos y sobre todo: no te atiborres de trabajo como una forma para olvidar, sólo conseguirás dañar tu salud.
- Aplaza las decisiones importantes que debas tomar en tu vida. Cuando perdemos a un ser querido nos sentimos particularmente frágiles, no podemos pensar con claridad y somos propensos a tomar decisiones de las cuales después podemos arrepentirnos. Lo mejor es dejar a un lado todas aquellas decisiones importantes que puedan ser postergadas para tomarlas en un momento más adecuado. Recuerda que iniciar una nueva relación afectiva no suplantará jamás la pérdida.
Consejos para aquellos que sostienen a la persona que ha experimentado la muerte de un ser querido
Quienes están alrededor de la persona que experimentó la pérdida usualmente se preguntan qué deberían hacer para aliviar el dolor. En primer lugar deben conocer que ninguna frase es buena para consolar porque absolutamente cualquier idea adquiere un carácter nimio. Las frases hechas no sirven de nada, comunicamos mucho mejor nuestro sentir y pesar con un abrazo que diciendo frases del tipo: “con el tiempo o superarás”; precisamente porque en esos momentos la persona no desea superar nada y porque, con el pasar del tiempo uno se sobrepone al dolor pero no supera la pérdida.
Así, la mejor forma de ayudar es apoyar con la presencia y escuchar lo que tiene que decir la otra persona. En esos momentos lo más importante para quien perdió a alguien es sentir el cariño y la comprensión de las personas que le quedan.
Otra forma de ayudar a la persona es proponiéndole actividades que puedan ser de su agrado y que puedan distraerla de pensar en la pérdida. No obstante, debe puntualizarse que si la persona no está de humor para ello, es preferible dejarla y no insistir.
Por último, debe conocerse que el periodo de un duelo “normal” se puede extender hasta por seis meses. Pasado este tiempo si la persona no se repone es necesario pedir ayuda especializada.
Terminemos con una frase de Francois Mauriac: “La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.”
Tomado original de Rincón de la Psicología
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